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Estrés / Melancolía

TRISTES PENSAMIENTOS

Por el Dr. Francisco Goldstein Herman
Psiquiatría, Psicoanálisis, Homeopatía Unicista, Sexología

LA IDEA FIJA
Aurelio, 38 años, profesional, me consulta porque vive enfrascado en ideas que lo acosan a diario y no le permiten descansar. Dice sumergirse en pensamientos en los cuales se reprocha por acciones o circunstancias que, aunque no tiene pruebas de ello, sin embargo cree haberlas hecho y le causan culpa. Reiteradamente busca pruebas de lo que él supone que ha hecho y sus también multiplicados fracasos se estrellan contra una convicción contraria que le nace desde muy adentro “- ¿Estoy loco Dr.? “.  Esa es la pregunta incisiva que me dirige Aurelio.

PREPARANDO SUICIDIOS
Este hombre piensa continuamente en suicidarse. Vive elaborando planes sobre cómo llevar a cabo su proyecto suicida al que, por otra parte, teme. Constantemente lo acosan fuertes impulsos de eliminarse. Calcula si ahogarse en agua, si colgarse, si terminar bajo las ruedas de algún vehículo o pegarse un tiro. Pero imagina preferentemente arrojarse al vacío desde un sitio elevado (balcón, terraza, etc.)

PENAS DE AMOR
Aurelio consume gran parte de sus energías en la lucha interna entre sus presiones suicidas y sus empeños por evitarlas. Este es un estado muy común entre las personas de mucha edad, pero no es el caso de Aurelio. Sus pensamientos suicidas son más insistentes cuando está solo.

MENSTRUACIÓN y SUICIDIO
En las mujeres que he visto con esta afección los impulsos de autoeliminarse se acentúan cuando les falta una menstruación, bien porque el embarazo no ha sido deseado o bien lo contrario, porque la falta les confirma que no han quedado embarazadas. En mujeres de más edad, estos pensamientos se presentan en la menopausia, es decir, cuando la falta de menstruación se instala en forma permanente.

LA IDEA DE HABER SIDO NEGLIGENTE
Como telón de fondo de ese continuo rumiar pensamientos, Aurelio destaca un inexplicable sentimiento de culpa. En relación con esta idea el paciente se dirige continuos reproches a sí mismo. Afirma haber descuidado sus obligaciones o sus compromisos o sus responsabilidades o sus deberes o sus tareas.

LA CULPA REMUERDE
El tema del descuido es muy importante en estas melancolías. El enfermo piensa obsesivamente en algo que supuestamente hizo o dejó de hacer y experimenta intensos remordimientos. Se vuelca hacia adentro, se recluye en sí mismo y no es raro verlo hablar consigo mismo haciendo estimaciones en cuanto a la pertinencia o no de sus eternos autorreproches. Estas personas son desdichadas víctimas de sus preocupaciones y de sus razonamientos insistentes que giran en torno a sus descuidos. Aurelio destaca que estos padecimientos lo persiguen cuando sufre dolores de cualquier tipo o cuando transpira.

MORTIFICACIONES INSONDABLES
Semejantes cavilaciones obedecen en Aurelio a un profundo estado melancólico, es decir, una gran depresión, una enorme tristeza que se acentúa particularmente en las mañanas y durante los anocheceres. En general en estos pacientes, las circunstancias que precipitan este estado suelen ser el padecimiento de penas de amor, penas intensas de cualquier clase, oscuras frustraciones, mortificaciones de todo tipo. Pero cualquiera sea la causa, sobre ella se impone un exceso de responsabilidad (sus “descuidos”, sus autorreproches).

TEMBLAR DE IRA
Por otro lado Aurelio admite ser fácilmente irritable. A veces intercambia sus enojos con estados de alegría. Se reconoce violento, con arrebatos de ira, sobre todo si lo contradicen. Dice que cuando lo acometen estos accesos le aparecen temblores que lo ponen de malhumor y lo incitan a pelear. Tiene un modo de ser variable, tan pronto se muestra “broncudo” como gira y se pone bonachón y amigable. Es desconfiado. Se ofende con facilidad y mantiene un odio inextinguible hacia quienes lo ofenden.

DESESPERACION y DESESPERANZA
Aurelio es hipersensible. Los ruidos lo desesperan, pero lo sorprende advertir que mejora con la música. Es extremadamente sensible a los dolores; el más mínimo dolorcito lo pone violento. Entonces se siente impotente ante sus impulsos, se desespera y quiere suicidarse. Su hipersensibilidad se extiende a los olores, al gusto, al tacto, a la luz, a voces, a ciertas personas y a las impresiones de contenido sensual.

EL AMPARO RELIGIOSO
Aurelio ha buscado refugio en la religión pues, perseguido por sus ideas de haber descuidado sus obligaciones y por sus inagotables autorreproches,ha llegado a dudar de la salvación de su alma. Su melancolía a tomado un matiz religioso. Reza continuamente y sólo mejora sumergiéndose en cualquier actividad que lo absorba.

TRISTEZA, DEPRESION Y MAS
No diré que fue fácil arrancar a Aurelio del lastre de sus tristes pensamientos. Lo que a él lo perseguía era mucho más que una depresión. En todo caso, su tristeza se asociaba a un duelo demasiado prolongado. En el duelo de la melancolía que atenazaba a Aurelio se escondía un sentimiento de culpa por haber descuidado quien sabe qué cosa (averiguarlo es competencia del psicoanálisis, no de la homeopatía). Otros melancólicos simplemente no pueden ahogar el dolor por la muerte de un ser querido. Detrás, se oculta la culpa por algo, una falta, hacia ese ser. Pareciera que en el trasfondo de la melancolía suelen acumularse los autorreproches por el descuido de un deber u obligación.

VISLUMBRANDO LA CURA

El proceso de sustraer a Aurelio de las garras de su obsesión suicida fue lento. Fue un trámite desesperante. Se vio constantemente asediado por el deseo de interrumpir el tratamiento y volver a “las drogas”, como él llamaba a las medicinas alopáticas. Fue necesario un seguimiento nutrido de entrevistas muy próximas, que en última instancia suplieron el tratamiento psicoanalítico al que él se negó siempre, pero que seguramente hubiera facilitado su curación. Este fue otro obstáculo a su curación. Sin embargo, el medicamento homeopático hallado por la Psicomeopatía, finalmente resultó “más porfiado” que la obsesión de Aurelio. Sin necesidad de “drogas” que en nada lo habían ayudado antes de concurrir a mi consulta, fuimos dominando la porfía, aunque antes debimos asistir a la “limpieza” de su culpa por supuestas obligaciones incumplidas.