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Pánico

CON EL CORAZÓN EN LA BOCA...
Dr. Francisco Goldstein Herman
Psiquiatría, Psicoanálisis, Homeopatía Unicista, Sexología

Acasia, 33 años, casada, mostraba en su rostro el desasosiego. Innumerables miedos envilecían su vida y la habían vuelto miserable. Eso fue lo primero que ella me dijo. Agregó que padecía una terrible ansiedad, sobre todo durante la noche. Su ansiedad se desataba por el más mínimo trastorno: un escalofrío, una pequeña fiebre, un dolorcito, cosas que en otros momentos hubiera soportado perfectamente.

PENSAMIENTOS ATORMENTADORES
La joven vivía abrumada por multitud de pensamientos de muerte, de su propia muerte. Afirmaba poder adivinar el momento en que le ocurriría. Moriría durante un embarazo o, a más tardar, durante el parto. La aterrorizaban sus presagios.

EL SUSTO y la ANSIEDAD

Los trastornos de Acacia comenzaron en una estación de subterráneo. Vio a la gente luchar por subir al coche. Se sintió ahogada por el gentío. Su pecho pareció estallar. Creyó que respiraba por última vez. Comenzó a temblar. Un sudor frío la empapó de pies a cabeza. El cuerpo se le endureció. Se sintió dura como una estatua.

CRISIS DE PANICO

Una compañera le preguntó, “_ ¿No vas a subir...?”. Acacia le rogó: “-¡Por favor, sácame de aquí que me muero...!”  La amiga la arrastró fuera de la estación y la  apoyó en la baranda que rodea a la boca del subte. Allí, la compañera tuvo que esperar varios minutos hasta que Acacia pudiera explicarle, ¡que no sabía qué le había ocurrido...!

TEMOR DE QUE EL PANICO SE REPITA

Acacia no volvió a usar el subterráneo -“Prefiero no volver a la tumba...”- dijo. Pero vivía temiendo que aquel cuadro se repitiera aún en un ómnibus. Hasta las calles se le hicieron peligrosas. Se apartó de amigos y familiares. Evitó visitas, fiestas y teatros. Fue retirando de su vida, todo. Hasta dejó su trabajo. Terminó recluida en su casa.

PANICO EN CASA
En Acacia, el asedio del pánico no se dio por satisfecho con esas limitaciones. El cuadro apareció en su casa. Cada noche al acostarse vivía el temor de que aquel episodio se repitiera. La ansiedad se acompañaba de violenta inquietud. Saltaba del lecho porque no soportaba estar quieta en él.  

SENSIBILIDAD EXTREMA    

Acacia huía de la luz, le hacía mal. La joven vivía en penumbras aunque, paradójicamente, sentía miedo a la oscuridad plena. Le llamaba la atención que la música que a otros alegraba, a ella la entristecía. Además, se sobresaltaba por cualquier mínimo ruido. Acacia ironizó, “-Basta que caiga un alfiler para tener el corazón en la boca”.

ANGUSTIA  y  MIEDOS  
Acacia temía ahogarse. Durante sus pánicos era como si una mano le apretara la garganta. Temía que alguna vez realmente no pudiera respirar. Sus pánicos la asaltaban cada vez que se encontraba entre mucha gente. Por ejemplo, en un shopping o en un supermercado o en la aglomeración de un andén. En éste era peor cuando la gente luchaba por subir al vagón.

UNA VIDA DIFERENTE...
Acacia se volvió irritable. Su familia se preguntaba porqué tantos nervios. “-¿Cómo responderles que sentía un terror pánico?” – preguntaba Acacia. “-¿Cómo explicarles que no sabía a qué le tenía miedo?”. Justamente, de esa ignorancia se nutre el pánico. Por suerte para Acacia, y para otros como ella, el pánico tiene cura.

 

LOS PSICOFARMACOS  
La medicina oficial dispone de los psicofármacos (tranquilizantes, ansiolíticos, etc.). Como se puede leer en los prospectos que acompañan a estos remedios, los psicofármacos tienen múltiples contraindicaciones, pueden provocar adicciones y dependencias. En última instancia, los psicofármacos son drogas...

LAS PSICOTERAPIAS
También pueden curar las psicoterapias, sobre todo la psicoanalítica. Esta, tal vez, podría responder a qué le tenía miedo Acacia. Pero en general, aún las llamadas psicoterapias “breves” necesitan mucho tiempo para desentrañar la madeja urdida en el inconsciente del que sufre.

LA PSICOMEOPATÍA
La Psicomeopatía es Homeopatía. La medicina homeopática no contiene drogas, no provoca adicciones ni dependencias ni tienen contraindicaciones. Por supuesto, la medicina homeopática tampoco puede provocar el tan temido síndrome de abstinencia que sobreviene cuando se suprimen de golpe los tranquilizantes, los ansiolíticos, etc.

LA CURA DEL PANICO

Después de probar durante meses los psicofármacos de la medicina oficial y de iniciar un psicoanálísis, Acacia decidió cambiar por la Homeopatía. Por sus síntomas la Psicomeopatía seleccionó para ella su medicamento. Acacia continuó su tratamiento psicoanalítico, pero pudo ir abandonando muy lentamente los remedios alopáticos. Esto fue posible a medida que la Psicomeopatía iba haciendo desaparecer uno a uno sus síntomas.

Con la medicación homeopática, Acacia fue recuperando amigos y familiares. Se atrevió a recibir visitas y a dar la cara en fiestas y teatros. Rescató todos los espacios de los que se había debido retirar a causas de las limitaciones que le imponían sus repetidos ataques de pánico. Poco a poco, esa ansiedad extrema llamada pánico que había poseído a Acacia, tuvo que abandonarla. La joven fue reconquistando el dominio de su vida.