Qué es Qué cura Casos en que actúa Cómo cura Ventajas
Qué son Historia
Angustia Ansiedad Depresión Estrés Falta de confianza Fobias Insomnio Melancolía Memoria Miedos Migrañas Obsesiones Pánico Sexualidad Tristeza
Consultorio Currículum Vitae Autobiografía personal
 
Estrés

TRES TRISTES ESTRÉS  

Dr. Francisco Goldstein Herman
Psiquiatría  Psicoanálisis  Homeopatía Unicista

La palabra ‘estrés’ viene del vocablo inglés, Stress, que significa tensión, presión, esfuerzo, pero clínicamente el término se refiere al resultado de esos estados, en otras palabras, al agotamiento.
Este afecta a personas sometidas a esfuerzos físicos o psíquicos continuados que acaban por agotar las reservas de quien se somete a tales excesos. Desde deportistas excedidos de entrenamiento afectados por extrañas afecciones musculares, hasta profesionales, estudiantes, etc. derrotados por excesivos esfuerzos psíquicos o exigencias extremas (entrega de un plan o proyecto, avasallamiento por superiores, etc.) o simplemente, personas exigidas por el largo cuidado de un enfermo.

Caso 1º. LA INCERTIDUMBRE
Conrado 48 años, era un ejecutivo de ventas. Había pasado muchas noches en vela para cerrar una operación. Si bien esas eran las reglas del juego, los nervios de este hombre se habían rendido después de años de tales repetidas incertidumbres. Empezó a sentir que el tiempo pasaba muy rápido. Conrado se vio como retardando los trabajos, haciendo las cosas muy lentamente.

DÁNDOLE VUELTAS AL TIEMPO
En su empresa se le observó cuánto tardaba en contestar cada pregunta. Conrado debía pensar mucho antes de contestar cosas que conocía muy  bien. Su familia le señaló que había que hacerle más de una vez la misma pregunta. Junto a este cambió intelectual el mismo Conrado advirtió que necesitaba mucho tiempo para ver cosas que estaban detrás de él; más que hasta hacía poco. En verdad, todo le exigía mucho tiempo.

UNA PROFUNDA PENA
Cualquier acción que quisiera ejecutar era diferida para más adelante. Parecía posponer cosas como querer adelantar un pie al caminar o tomar algo con la mano. Todo se retardaba en su cumplimiento. Conrado, que había sido un modelo de acción y rapidez, no soportaba esta situación. La profunda pena que soportaba en silencio lo consumía. Se sentía descorazonado.  

Caso 2º. VIVENCIAS EXALTADAS
En contraste, Fernanda, 38 años, arquitecta, presentaba una increíble actividad mental y física. Sus respuestas a los menores estímulos eran muy rápidas y frecuentemente solían ir mucho más allá de lo necesario. Vivía constantemente excitada, atiborrada de ideas que quería llevar a cabo ya mismo, como si no tuviera tiempo para ejecutar tantos planes. Había una enorme exageración de las facultades intelectuales. Sin embargo, en este desenfreno había algo raro: toda su actividad cesaba abruptamente a medianoche.

VÍCTIMA DE SUS SENTIDOS
Pero, ¿qué había de malo para Fernanda en todas estas realizaciones? A causa de la agudeza que habían alcanzado sus sentidos no podía soportar que la tocaran. Temblaba ante olores que a ella le parecían violentos. Se estremecía de dolor por luces que sólo ella sentía demasiado fuertes.  No podía resistir la música ni los timbres, aún lejanos. Padecía al escuchar pasos.

SUFRIENDO ALEGRÍAS
¿Pero, cuál había sido la causa de este cuadro tan multiforme y desgraciado de Fernanda? Una emoción repentina. Pero no había sido algo trágico o desafortunado, sino justamente lo opuesto. Había recibido una noticia esperable y deseada, un triunfo en su carrera de arquitecta que le había causado una alegría tremenda.  

Caso 3º. EL PESO DE SER RESPONSABLE
Custodio, 52 años, era gerente de una firma de inversiones económicas. Manejaba grandes capitales de clientes. Cada operación podía significar enormes ganancias o formidables pérdidas. Tanto por unas como por otras, él ganaba su comisión. Pero la responsabilidad de este hombre que había pasado su vida evitando la quiebra económica de sus clientes lo llevó a la quiebra de sus capacidades físicas y anímicas.

QUEBRADO EN LLANTO
El exceso de actividad mental no le había permitido dormir durante muchas noches. La manifestación de esa “quiebra” era el llanto. Custodio lloraba, quebrado por la más pequeña emoción. No podía contenerse. Esa descarga “no lo descargaba”. Se ponía tensor llorando y empezaba a sudar. A veces, Custodio solía llorar porque sudaba. “Era, comentó, como si llorara por la piel o sudara por los ojos”.

TRISTEZA INTRANQUILA
Custodio se sentía enormemente triste, pero inquieto. Necesitaba levantarse cuando estaba sentado o sentarse si estaba de pie. Soportaba muy pocos minutos en una posición. Debía cambiarla, moverse o aquietarse. Su desasosiego lo compulsaba a caminar, pero salir al aire libre lo ponía peor. Su carácter fluctuaba del mismo modo que se veía obligado a cambiar de posición. A veces se irritaba por tonterías, en otras ocasiones era suave y comprensivo.  

EL ESTRÉS NO ES UNO SOLO
Como se ve, se trata de tres casos diferentes de estrés. Es por ello que la Psicomeopatía seleccionó, ajustándose a los síntomas que cada enfermo presentaba, el medicamento homeopático más apropiado. No fue el mismo para los tres, sino un medicamento distinto para cada uno. ¿Por qué? ¿Acaso en los tres no se trataba de estrés? Ese es el caso. El estrés reúne gran cantidad de síntomas, generalmente “raros”. De esa enorme “bolsa”, cada uno de estos enfermos presentó un haz de síntomas diferente. Por eso, se debió prescribir un medicamento que se ajustara al haz de síntomas del estrés que cada uno padecía.