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Ansiedad / Angustia

ANSIEDAD POR ADELANTADO   

Dr. Francisco Goldstein Herman
Psiquiatra, Psicoanalista, Homeópata Unicista

 

ATAQUES DE NERVIOS
Augusto, 35 años, me consultó por sus nervios. Bastaba que en la empresa donde trabajaba le dieran la fecha en que debía presentar un informe para que empezara a padecer ataques de nervios. Estos se sucedían noche y día. Casi no dormía pensando en los inconvenientes que podrían surgir en esa fecha.

ADELANTARSE A LO QUE VA A OCURRIR
Su imaginación transformaba a esas circunstancias en problemas que siempre terminaban en desastres. Sin embargo, él sabía que nada de eso podía ocurrir. Parecía sufrir presagios de cosas que jamás llegaban a producirse. Como Augusto repetía: “Me pongo nervioso al cuete”. Este tipo de nervios se llama en buen romance, ansiedad por adelantado.

SOMATIZANDO
A poco de investigar, descubrí que la “nerviosidad” de Augusto se acompañaba de síntomas corporales (o somáticos). Los síntomas más repetidos y frecuentes eran sus diarreas. Jamás concurría a sus citas de trabajo sin asegurarse de que esos lugares contaran con un baño de fácil acceso.

EL TIEMPO NO PASA NUNCA
Como consecuencia de estos síntomas, Augusto vivía apurado. Temía no tener tiempo para terminar lo que hubiera comenzado. Su idea era que el tiempo pasaba muy lentamente, “con parsimonia”, decía él. Si debía encontrarse con alguien, aunque le sobrara el tiempo él siempre “llegaba como una hora antes”. Si tenía que caminar, lo hacía con tanto apuro que quienes lo acompañaban le pedían resuello.

FALTA DE CONFIANZA
Augusto reconoció que padecía un íntimo sentimiento de autodesvalorización. Se “achicaba” frente a cualquier circunstancia, se rebajaba, se decía que no podría resolverla, estaba seguro de que le faltaban condiciones.

FRUSTRACIÓN
Vivía lleno de ideas de fracaso, creía que todo le iba a fallar. Le daba miedo iniciar cualquier cosa porque no se creía capaz de hacerlas. Se le cruzaba la idea de que trabajaba mal y no emprendía muchas cosas por el simple temor de fracasar.

TRATAMIENTOS ALOPÁTICOS
Por supuesto, Augusto se había sometido a diversos tratamientos alopáticos, pero la medicina oficial sólo cuenta con ansiolíticos, tranquilizantes, etc. Mientras tomaba esos medicamentos había descubierto que, cada tanto, debía aumentar las dosis de ellos para obtener el efecto que esperaba.

SÍNDROME DE DEPENDENCIA
También descubrió que esos medicamentos no sólo habían reforzado todos sus miedos sino, además, que habían instalado en él otro temor muy profundo: ahora no podía alejarse de su casa sin asegurarse de llevar con él “las pastillas”. Los psicofármacos habían instalado en él todos los síntomas de una dependencia a las drogas.

 

EL TRIUNFO DE LA PSICOMEOPATÍA

La Psicomeopatía halló la medicina homeopática, sin drogas que le correspondía a Augusto. Se basó en la característica de éste de adelantarse negativamente a lo que pudiera pasar. Por supuesto, también tomó en cuenta sus apresuramientos, sus ideas de fracaso, su autodesvalorización, sus prevenciones antes de salir (llevar sus pastillas, asegurarse de tener a mano baños para sus diarreas, etc.).

SÍNTOMAS, “LA IMPRESIÓN DIGITAL”
El medicamento homeopático relacionó todos los síntomas de Augusto, conformando una totalidad que hacía de él un ser diferente de cualquier otro nervioso. En Homeopatía se comprueba que los síntomas identifican con precisión a cada enfermo, son como la impresión digital del mismo. Lo cual explica el fracaso de los psicofármacos ya que estos se administran a cualquier nervioso sin importar a cuál tipo pertenece su trastorno.

NERVIOSO “AL CUETE”
En cambio, ese remedio homeopático terminó con los achaques de Augusto porque, efectivamente, además de atender a los otros síntomas suyos, correspondía a su adelantarse a lo que iba a ocurrir, que daba su apellido a lo que él creía que era “ansiedad a secas” o, peor aún, simples “nervios”.

EL CALVARIO LIQUIDADO
Como en las películas, al dejar de sufrir ataques Augusto empezó a disfrutar las reuniones que antes habían sido su calvario porque despertaban por anticipado su insólita ansiedad. Comenzó a disfrutar lugares que antiguamente le provocaban ansiedad, a gozar visitando a sus amigos, a concurrir a espectáculos, a disfrutar sitios donde se aglomera el público: “shoppings”, conferencias, museos, etc.

TENER y no TEMER

Y “por si esto fuera poco...”, Augusto también estabilizó su situación económica. Por fin pudo prosperar y, según dijo: “cambiar la “ene” por la “eme”, es decir: tener un futuro en vez de temer un futuro.